En esta enseñanza de Drupon Khenpo sobre la introducción al budismo nos muestra el camino a la liberación y la sabiduría que Buda nos transmite al comprobar que todos los fenómenos provienen de causas y que podemos transformar nuestras vidas.
Esta sencilla pero profunda enseñanza nos revela una clave para poder aspirar a tener una vida pacífica, armoniosa y con libertad. En esta introducción, exploramos cómo el sufrimiento surge de nuestros propios hábitos mentales y emociones.
De igual forma nos muestra cómo el karma perpetúa el ciclo de insatisfacción y cómo podemos liberarnos con serenidad mediante la disciplina ética, la meditación y la sabiduría. Cuando aprendemos a ver la vida en su realidad última comprendemos que tenemos la posibilidad de cambio y transformación profunda.
En esta enseñanza Dupon Khempo nos ofrece una perspectiva fresca y cercana de una de las verdades más fundamentales del budismo: poder mirar con profundidad, vivir con consciencia y descubrir la sabiduría de la paz que encontramos en cada instante.
Puntos clave
- Todas las experiencias surgen de causas; comprender esto es la clave para la liberación.
- Las causas del sufrimiento son el karma y las emociones aflictivas.
- La libertad se alcanza mediante los antídotos: la disciplina ética, la meditación y la sabiduría.
- La raíz de todas las emociones aflictivas es la ignorancia del apego a la fiación a un yo.
Interdependencia de las emociones
El Buda dijo:
«Todos los fenómenos surgen de causas, y estas causas son las que ha explicado el Victorioso».
Es una afirmación sencilla, contiene esencia misma de su enseñanza. Cuando hablamos de todos los fenómenos se refiere al samsara, el ciclo de las existencias. Tanto el lugar como los habitantes, tanto el mundo como los seres, todo ello surge a partir de causas, luego continúa y dice “…estas causas son las que ha explicado el Victorioso”.
Cuando comprendemos la interdependencia del samsara, dejamos de ver la vida como algo que nos sucede y comenzamos a reconocer cómo nuestros pensamientos, emociones y acciones se entrelazan para crear nuestra realidad. Vemos esta relación interdependiente de las causas y los resultados, las causas y sus efectos.
A partir de las emociones aflictivas que agregamos karma, entonces experimentamos el sufrimiento y todo esto tiene una relación con la causa y el efecto, que al mismo tiempo cuando nos fijamos en el sufrimiento nos provoca más emociones aflictivas y esto hace que agreguemos más karma y esto hace que se acentúe el ciclo del sufrimiento del samsara, por lo tanto vemos como esta es la causa del sufrimiento del samsara.
Todo lo que pensamos, decimos y hacemos deja una huella. Esas huellas se llaman karma. Nuestras emociones —ira, apego, celos, orgullo, ignorancia— dan origen a esas acciones. Nuestras emociones siembran las semillas de nuestras experiencias.
La Rueda del Samsara
El budismo llama a este proceso continuo samsara, el ciclo de la existencia, lo cual es un ciclo de muchos nacimientos, de numerosas vidas. Pues este cuerpo que tenemos ahora, es el resultado de la vida anterior, esa vida fué el resultado de la anterior y así sucesivamente.
Si queremos localizar la causa de cada vida anterior, veríamos que las emociones aflictivas surgen a partir de mirar el cuerpo y los agregados de la vida pasada, podemos analizar las causas de los distintos elementos, que acumulan este karma y no podríamos llegar a encontrar una primera causa, pues el samsara no tendría principio.
Cuando surgen emociones negativas, actuamos bajo su influencia y estas acciones crean karma.
El karma genera resultados, que luego experimentamos como alegría o sufrimiento. Al comprender esto, el Buda describió la vida como una gran rueda que gira sin cesar hasta que aprendemos a interrumpir su movimiento.
No hay principio, pero sí un final
Lo mismo cuando miramos hacia delante, buscando el final del sufrimiento para saber cuándo terminaría, miramos el presente y vemos como debido a las emociones aflictivas hemos acumulado karma, esto se va perpetuando porque continuamos mirando los agregados de esta vida presente y de la próxima vida.
El cuerpo que vamos a tomar en la próxima vida, debido al apego o las emociones de esta vida presente, el samsara no tiene un verdadero comienzo. Pero sí tiene un final.
Mientras nuestras emociones surjan sin control, seguirán generando karma. Ese karma conduce a nuevas experiencias y nuevas emociones; puede ser un ciclo sin fin.
Entonces mientras no apliquemos un antídoto para erradicar las emociones aflictivas no hay manera de que podamos abandonar el sufrimiento de una manera natural o espontánea. Para poder abandonar el sufrimiento del samsara necesitamos aplicar el antídoto para erradicar las emociones aflictivas.
¿Cuál es ese antídoto?
Si en general tenemos un hábito muy arraigado de las emociones aflictivas, es como si estuviéramos acostumbrados a ello y estás surgen sin esfuerzo alguno. El deseo, el orgullo, los celos, la rabia o el enfado, todo esto surge de una manera natural, no tenemos que esforzarnos para que surja. Debido al flujo continuo de la mente, cualquier hábito que hayamos cultivado surge sin esfuerzo.
La raíz de todo
Cuando profundizamos, descubrimos que todas las emociones negativas —sin importar su forma o naturaleza— brotan de una misma raíz: la ignorancia.
La raíz de todas estas emociones aflictivas es la ignorancia del apego a la fijación a un yo.
De la ignorancia nace la emoción, de la emoción el karma y del karma el sufrimiento, esa es la rueda del samsara. Pero el Buda no se limitó a describir el problema. Ofreció un camino para transformarlo: un conjunto de remedios que sanan directamente la raíz del sufrimiento.
Entonces vemos que si queremos suprimir el sufrimiento, tenemos que abandonar el karma y si queremos abandonar el karma necesitamos abandonar las emociones aflictivas. Es debido a la ignorancia a la fijación de un yo que surgen las emociones aflictivas y el karma.
Estos tres (fijación a un yo, emociones aflictivas y karma) son un ciclo de causa y efecto del sufrimiento, es el ciclo como una rueda que gira, la rueda del samsara.