Esta enseñanza, sobre la cuarta práctica preliminar de las 37 Prácticas de un Bodhisattva, se centra en la contemplación de la impermanencia. Se describe la base filosófica del cambio universal y proporciona un marco práctico para desplazar el enfoque de las preocupaciones mundanas transitorias hacia la práctica espiritual a largo plazo.
La enseñanza enfatiza que la impermanencia es una realidad fundamental tanto del universo exterior como de nuestro mundo interior. Desde el macronivel de las galaxias y los sistemas solares en rotación hasta el micronivel de los átomos vibrantes, nada en el mundo físico permanece estático. De igual manera, nuestro mundo interior está en constante cambio; nuestros pensamientos evolucionan desde la infancia hasta la edad adulta, y el cuerpo físico experimenta un agotamiento continuo desde el momento del nacimiento. Reconocer este movimiento universal es esencial para comprender la filosofía budista de la existencia.
Puntos clave
- La muerte es segura, no se puede escapar a ella, el cuerpo es una entidad compuesta destinada a desintegrarse.
- Cuando se parte lo único que se lleva son las huellas de las acciones virtuosas y no virtuosas.
- El pensamiento constante de la impermanencia es la puerta de entrada al Dharma.
- El compromiso con la práctica del Dharma implica diligencia y no posponer la práctica.
- La vida es tan efímera como una burbuja de agua en el viento, también es increíblemente valiosa.
Pensar en la impermanencia
“La práctica de todos los bodhisattvas es renunciar a las preocupaciones de esta vida, pues amigos y parientes, conocidos desde hace mucho tiempo, deben seguir caminos separados; la riqueza y las posesiones preciadas, adquiridas con tanto esfuerzo, deben dejarse atrás; y la conciencia, el huésped que se aloja en el cuerpo, debe partir con el tiempo.”
Para internalizar la impermanencia, se anima a los practicantes a meditar en tres decisiones fundamentales, estas decisiones sirven para generar diligencia en el practicante y romper el apego mundano. La muerte es segura, no se puede escapar a ella, el cuerpo es una entidad compuesta destinada a desintegrarse, y la vida se consume a cada segundo.
El tiempo de la muerte es incierto y la vida humana no tiene una duración garantizada. El cuerpo es frágil y “sin esencia”, y las causas de la muerte son numerosas, mientras que las condiciones para la vida son pocas y fácilmente subvertidas.
Las riquezas, las posesiones, los amigos e incluso el propio cuerpo deben dejarse atrás, no se pueden llevar después de la muerte. Cuando se parte lo único que se lleva son las huellas de las acciones virtuosas y no virtuosas, llamadas karma.
Contemplar la impermanencia se describe como el “mejor de todos los pensamientos”. Este pensamiento nos ayuda en tiempos de sufrimiento, pues brinda esperanza de que el dolor pasará, y en tiempos de felicidad abrumadora, previene del apego imprudente.
El pensamiento constante de la impermanencia es la puerta de entrada al Dharma, asegurando que la práctica sea genuina y conduzca a realizaciones superiores. En última instancia, comprender la naturaleza cambiante de las partículas y los átomos constituye la base necesaria para comprender la vacuidad de todos los fenómenos.
Es importante renunciar a las preocupaciones mundanas a corto plazo. El poner la atención en la adquisición de riquezas o en la constante necesidad de complacer a otros nos aleja del camino del Dharma y genera apego a objetos impermanentes.
El compromiso con la práctica del Dharma implica diligencia y no posponer la práctica, pensar que practicarás, mañana, el próximo mes o el siguiente año. El momento de la muerte es incierto y no podemos predecir cuándo dejaremos esta vida.
El cuerpo es como una casa de huéspedes, es como un recipiente temporal que se utiliza sabiamente para un gran propósito, en lugar de un fin en sí mismo. Realizar acciones virtuosas ayuda a acumular mérito y karma positivo, ya que estas son las únicas cosas que acompañan a la conciencia después de la muerte.
Si bien la vida es tan efímera como una burbuja de agua en el viento, también es increíblemente valiosa. Al renunciar a las nimiedades de esta vida y centrarse en el objetivo a largo plazo de la liberación, los practicantes pueden encontrar paz y propósito en medio de un mundo impermantente en constante cambio.