En esta enseñanza se nos muestra la visión del Buda que reconoce la realidad última que genera la sabiduría a través de los cuatro sellos. Esto nos enseña a poder contemplar la realidad en la impermanencia de las cosas y no confundir las emociones como permanentes. Al reconocer la impermanencia podremos obtener la libertad y el deseo de abandonar el samsara. Esto sucede al contemplar la raíz de las causas de las emociones aflictivas y encontrar la ignorancia que genera la fijación a un yo. De esto dependemos para poder abandonar el samsara, porque la fijación a un yo es la raíz de todo.
Puntos clave
- La sabiduría que reconoce la realidad relativa reconoce la realidad última.
- En la ignorancia percibimos lo impermanente como permanente y percibimos el sufrimiento como felicidad.
- Mientras estamos bajo el poder del karma y las emociones aflictivas, no tenemos libertad y tenemos una condición de impermanencia.
- El deseo de liberarnos surge en el momento que reconocemos que incluso la felicidad o sensaciones neutras son sufrimiento.
- Nuestra liberación del samsara depende de abandonar o no la fijación a un yo.
- El estado de renuncia para abandonar el samsara fomenta el deseo de obtener la paz.
La visión de Buda
Tanto la sabiduría que reconoce la realidad relativa como la que reconoce la realidad última son importantes en la práctica de la meditación. Entonces nos preguntamos cómo generamos estas sabidurías, por eso el Buda enseñó lo que se conoce como los Cuatro Sellos de la visión budista:
Todo lo compuesto es impermanente.
Todo lo impuro es sufrimiento.
Todos los fenómenos carecen de un yo.
El nirvana es la paz.
Los primeros dos sellos; todo lo compuesto es impermanente y todo lo contaminado es el sufrimiento, se refieren a la naturaleza de la realidad relativa. Es lo que desconocemos o ignoramos de la realidad relativa, puesto que en nuestra ignorancia percibimos lo impermanente como permanente y percibimos el sufrimiento como felicidad, ignorando la naturaleza de la realidad relativa.
Los cuatro sellos definen la esencia del budismo; pero también, describen cómo funciona la realidad. Normalmente creemos que sólo algunas son impermanentes, otras son permanentes y sólo algunas de las cosas impuras son sufrimiento, pero no todas, es decir tenemos un reconocimiento incompleto.
Lo impuro se refiere a lo impermanente, es decir todo lo que es compuesto es impermanente y todo lo que es impermanente es sufrimiento. Porque todo lo que es compuesto tiene causas y condiciones, esto hace que sea impermanente o transitorio, por lo tanto todo lo que es transitorio, también es necesariamente causa de sufrimiento.
Solemos pensar que solo algunas cosas cambian, que algunos placeres son duraderos, que la felicidad se puede capturar. Pero el Buda nos invita a observar con mayor detenimiento: todo lo que se basa en causas y condiciones, con el tiempo, cambia. Todo lo que está bajo el poder de las emociones aflictivas y el karma carece de verdadera libertad.
Mientras estamos bajo el poder del karma y las emociones aflictivas, no tenemos libertad y tenemos una condición de impermanencia. Si esto lo contemplamos de una manera honesta, veremos que es algo triste de contemplar.
Normalmente percibimos el dolor como sufrimiento y las sensaciones placenteras las percibimos como felicidad. Cuando tenemos una perspectiva de la impermanencia, nos daríamos cuenta que incluso las sensaciones placenteras son sufrimiento.
Esto es así porque las sensaciones placenteras dependen de las emociones aflictivas y del karma. Todas las sensaciones, tanto agradables como desagradables son compuestas, impermanentes y causan sufrimiento.
Contemplar esto en contraste con lo que normalmente percibimos, nos hace olvidar la realidad relativa. Pensamos que algunas experiencias son felicidad y otras son sufrimiento, esto sería una percepción limitada, porque no estaríamos contemplando el sufrimiento que todo lo penetra, que todo lo abarca en la naturaleza compuesta por el karma y de las emociones aflictivas de todo.
En el momento que reconocemos esto podremos tener experiencias agradables o desagradables y saber que estamos experimentando el samsara, que tiene la naturaleza del sufrimiento. Se dice que incluso en el pico de las existencias no existe una felicidad última, eterna y que no muera. En el mundo podemos encontrar felicidades efímeras, podemos encontrar placeres impernantentes, que no son la felicidad última.
El Deseo de Liberación
El deseo de liberarnos surge en el momento que reconocemos que incluso la felicidad o sensaciones neutras son sufrimiento. Surge en nosotros un anhelo de liberación, puesto que todo el samsara el ciclo de las existencias tiene la naturaleza del sufrimiento.
Los tres mundos del samsara tienen la naturaleza del sufrimiento y cuando reconocemos esto, surge en nosotros el deseo de liberarnos. Pero también tenemos que preguntarnos si podemos.
¿Realmente podemos o no liberarnos del samsara?
Esta pregunta se responde al observar el origen del sufrimiento, cuando lo encontramos reconocemos la causa y efecto de las cosas. A esto se le llama la sabiduría de la ley del karma, puesto que se reconoce que el origen del sufrimiento es el karma y las emociones aflictivas. Posteriormente el que podamos abandonar el sufrimiento dependerá de que podamos abandonar las emociones aflictivas y el karma.
Si contemplamos la raíz de las causas de las emociones aflictivas, encontramos la ignorancia que genera la fijación a un yo. De esto dependemos para poder abandonar el samsara, porque la fijación a un yo es la raíz de todo el samsara.
Nuestra liberación del samsara depende de abandonar o no la fijación a un yo.
Si podemos abandonar la fijación a un yo, entonces abandonaremos las emociones aflictivas, por lo tanto abandonaremos el karma y por lo tanto nos liberaremos del samsara. Mientras no podamos abandonar la ignorancia a la fijación a un yo, entonces continuaremos perpetuando las emociones aflictivas, después surgirá el karma, después surgirá el sufrimiento y seguiremos perpetuando el ciclo de las existencias en el samsara.
Para abandonar la fijación a un yo, necesitamos analizar cuál es el objeto de esta fijación. Cuando hablamos de la fijación a un yo hay dos categorías; primero se encuentra la fijación a un yo en los individuos y después la fijación a un yo en los fenómenos. El yo de los individuos y el yo de los fenómenos es nuestra percepción ordinaria que se vuelve en una identidad de la realidad intrínseca. Normalmente pensamos que existe verdaderamente un yo que tiene una naturaleza intrínseca, creemos que nosotros mismos y las cosas existen tal como aparecen.
Por esta razón tenemos que analizar todos los objetos que percibimos y el modo en que los percibimos. Si lo que percibimos es verdaderamente existente, si existe tal como lo vemos, si verdaderamente es real. Cuando observamos al yo de los individuos y el yo de los fenómenos, podremos entender mejor los cuatro sellos de la visión budista.
El tercer sello dice: “todos los fenómenos carecen de un yo”.
El tercer sello nos enseña que el yo que percibimos en los individuos y los fenómenos, creando una identidad propia, es ilusoria y no existe tal como se nos manifiesta. Esta es una apariencia que en realidad no tiene existencia propia, es inexistente.
Completud del camino, renuncia y paz
Cuando reconocemos que la naturaleza de los individuos y los fenómenos carecen de un yo, por medio de la escucha, la meditación y la reflexión, obtenemos la certidumbre de que podemos abandonar la fijación a un yo, porque ese yo no existe, no tiene existencia propia.
El no reconocimiento de la naturaleza de los individuos y de los fenómenos carentes del yo, como causa raíz del samsara y la ignorancia, generan en nuestra mente la ilusión o distorsión de la realidad. En cambio si logramos el reconocimiento de la inexistencia del yo, vamos a ver que podemos liberarnos del karma y de las emociones aflictivas, puesto que no tienen existencia propia.
Cuando nos liberamos del karma y de las emociones aflictivas también abandonamos y nos liberamos de la fijación al yo. Esto sería la liberación definitiva, es decir sería una liberación estable o perpetua. Esta liberación es la verdad de la cesación, y pacificación, la cual es correspondiente con el cuarto sello de la visión budista que dice: “el nirvana es la paz”. La liberación o la pacificación completa.
Cuando reconocemos que el nirvana es la paz, se genera en nosotros una renuncia auténtica. Este sentimiento de renuncia se basa en primer lugar por la posibilidad de liberarnos del samsara y en segundo lugar por el reconocimiento de la obtención de la liberación.
Esta renuncia está dotada de estos dos reconocimientos, que podemos liberarnos del samsara y que podemos obtener este estado de paz. Esto no es solamente el tener un anhelo de necesitar o querer obtener la paz, sino el ser conscientes de que somos capaces de obtener esta paz.
Este es un estado de renuncia estable que no es solamente un deseo de abandonar el samsara, sino también fomenta el deseo de obtener la paz. A partir de esta renuncia es de donde va surgir el camino gradual y las fases o grados del camino, que hemos mencionado previamente que son: la disciplina, la escucha, la contemplación y la meditación.
Vasubandhu fundamenta todo en la renuncia al decir:
“Dotarse de una disciplina ética, de escucha y de contemplación,
y adiestrarse completamente en la meditación.”
A medida que nos formamos en disciplina ética, meditación y sabiduría, comenzamos a ver cómo se apoyan mutuamente: La disciplina ética estabiliza nuestra vida, la meditación estabiliza nuestra mente y la sabiduría estabiliza nuestra perspectiva.
Cada una hace posibles a las demás, la disciplina ética surge del reconocimiento de la ley de causa y efecto en la sabiduría de la verdad relativa. La meditación madura hasta alcanzar la sabiduría de la verdad última.