En esta sesión explora las prácticas preliminares 5 y 6 de las 37 prácticas de los Bodhisattvas, centrándose en la necesidad crucial de distanciarse de las influencias destructivas y apreciar a los mentores espirituales. Proporciona un marco para comprender cómo nuestro entorno social determina nuestra capacidad de amor, compasión y liberación definitiva.
Puntos clave
- Los tres niveles de amor son el romántico, el maternal y el budista.
- Los tres venenos son el apego, odio y la ignorancia.
- El amigo espiritual es como un médico que nos ayuda a progresar en el camino del Dharma.
- Las dos acumulaciones son el mérito y la sabiduría.
- Hay dos tipos de oscurecimientos, el primero es el oscurecimiento de la aflicción y el oscurecimiento del conocimiento (Omnisciente).
- Existen cuatro tipos de amigos espirituales, el ordinario, el bodhisattva, el Nirmanakaya y el Sambhogakaya.
- Elegir un amigo espiritual es una decisión de mayor importancia pues implica una relación que dura muchas vidas.
Evitar amistades destructivas
“La práctica de todos los bodhisattvas es evitar a los amigos destructivos, en cuya compañía los tres venenos de la mente se hacen más fuertes, y dedicarnos cada vez menos al estudio, la reflexión y la meditación, de modo que el amor y la compasión se desvanecen hasta que ya no existen.”
La práctica del Bodhisattva comienza con identificar y evitar amistades destructivas, es el discernimiento de la propia compañía. Un “mal amigo” no es simplemente alguien con malos hábitos, sino específicamente cualquiera cuya presencia hace que los “tres venenos” (apego, odio e ignorancia) se fortalezcan.
Para quienes no son diligentes en su práctica y se dejan influenciar fácilmente por las circunstancias externas, evitar tales compañías es esencial para prevenir el desvanecimiento del amor y la compasión. Cuando nos relacionamos con influencias destructivas, nuestro compromiso con el estudio, la reflexión y la meditación disminuye naturalmente, alejándonos del Camino.
La enseñanza distingue tres niveles de amor: el amor romántico (a menudo limitado y basado en el apego), el amor maternal (más elevado y desinteresado, pero aún limitado a los hijos) y el amor budista. El amor budista es “ilimitado” y se extiende a todos los seres sintientes, incluidos los enemigos.
Mientras que el amor se centra en liberar a los demás del sufrimiento y sus causas, la compasión se centra en ayudarlos a alcanzar la felicidad. Una prueba clave del progreso personal es la respuesta emocional al éxito de un enemigo; sentir alegría por el éxito de un enemigo es una verdadera señal de practicar la compasión, mientras que los celos indican su falta.
Confianza en los amigos espirituales
“La práctica de todos los bodhisattvas es apreciar a los amigos espirituales, considerándolos incluso más preciosos que el propio cuerpo, ya que son quienes nos ayudarán a liberarnos de todas nuestras faltas y harán que nuestras virtudes crezcan cada vez más, tal como la luna creciente.”
Un amigo espiritual (lama o mentor) tiene un rol vital en el camino del Dharma, debe ser apreciado más que el propio cuerpo, ya que facilita la eliminación de las faltas mentales y el desarrollo de las virtudes, como una luna creciente.
El amigo espiritual es como un médico, los médicos físicos tratan el cuerpo para que podamos tener salud física en nuestra vida. Los psicólogos tratan la ansiedad, la angustia y otras aflicciones mentales para poder tener salud emocional en nuestra vida.
Un amigo espiritual es un “médico mental” a largo plazo, guiando al practicante a través de múltiples vidas hacia la iluminación. Sirve como guía en un territorio desconocido y como barquero en el océano del Samsara.
El amigo espiritual tiene un sentido práctico, si bien existen cuatro tipos de amigos espirituales:
El ordinario
El gran bodhisattva
El Nirmanakaya (como el Buda Shakyamuni)
El Sambhogakaya.
El amigo espiritual ordinario es el más preciado para nosotros, ya que actualmente carecemos de la realización o la suerte para percibir a seres de nivel superior. Pocas personas han podido realmente interactuar de forma directa con un bodhisattva o un Buda realizado.
Por esto es importante confiar en un maestro común y corriente, a quien realmente podemos ver y escuchar, purifica nuestras impurezas y, con el tiempo, adquirimos la capacidad de confiar en guías más avanzados.
Existen tres maneras de complacer a un guía espiritual
1. Práctica: Seguir instrucciones y alcanzar niveles espirituales es la forma más elevada de complacer al maestro.
2. Respeto: Mostrar respeto físico y verbal, como hacer una reverencia o hablar bien de él a los demás.
3. Servicio y ofrendas: Atender sus necesidades y servirle con un corazón de fe.
El encontrar a un amigo espiritual que nos guíe es establecer una conexión para toda la vida y vidas posteriores. Elegir un amigo espiritual es una decisión de mayor importancia que elegir una pareja o una carrera, ya que la relación dura muchas vidas.
La conexión entre alumno y maestro es el motor del éxito espiritual. Si la conexión es sólida, basada en la práctica y el servicio del alumno, el maestro puede impulsar eficazmente su camino y protegerlo de las distracciones y obstáculos del proceso del camino del Dharma.
Para practicar
- Evalúa tus amistades actuales para determinar si aumentan los “tres venenos” o si apoyan las “tres sabidurías”.
- Monitorear las reacciones internas ante el éxito de los “enemigos” para evaluar la pureza de la compasión propia.
- Practicar las instrucciones específicas y las técnicas de entrenamiento mental proporcionadas por el mentor espiritual.
- Mostrar respeto a los guías espirituales y elegir sabiamente a un mentor espiritual, reconociendo que la relación está destinada a durar hasta que se alcance la iluminación.
Conclusión
El progreso espiritual no es un esfuerzo solitario, sino uno profundamente influenciado por nuestro entorno y la guía espiritual es de gran ayuda. Al evitar conscientemente la compañía que alimenta las emociones negativas y confiar plenamente en un guía espiritual cualificado, un practicante puede asegurar que sus virtudes crezcan como la luna creciente, lo que eventualmente conducirá a la liberación del ciclo del sufrimiento.