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Los tres entrenamientos

En esta enseñanza se nos muestra el antídoto para erradicar la ignorancia y generar la sabiduría, a través de los tres entrenamientos: disciplina ética, concentración meditativa y ver las cosas como realmente son. A través de estos tres entrenamientos se pueden erradicar las emociones aflictivas para contemplar la realidad como realmente es. Esto requiere iniciar por la disciplina ética que nos permite contemplar las emociones y genera una visión correcta ante ellas. Consecuentemente se genera la concentración meditativa produciendo la ecuanimidad ante el sufrimiento y la felicidad. Finalmente se llega a la raíz de las emociones, la cuál es el apego a la fijación a un yo al que nos aferramos.

Puntos clave

  • Los tres entrenamientos ayudan a erradicar las causas del sufrimiento e iniciar el camino de transformación. 

  • La disciplina ética es la base sobre la cuál podemos generar la concentración meditativa.

  • La disciplina ética consiste en rebelarse en contra de las emociones aflictivas.

  • La ecuanimidad genera desapego a la dualidad de la felicidad y sufrimiento, permitiendo la concentración meditativa.

  • Para erradicar las semillas de las emociones aflictivas necesitamos generar la sabiduría del no yo.

El antídoto

Para erradicar esta ignorancia de la fijación a un yo, necesitaríamos aplicar el antídoto de la sabiduría del no yo. La enseñanza del Buda resume el camino de liberación:

 

“no cometas ni una sola acción negativa, 

cultiva en abundancia la virtud 

y disciplina por completo tu propia mente”

 

Así pués el Buda dió esta enseñanza para erradicar las tres causas, este breve verso contiene todo el camino de transformación, conocido como los Tres Entrenamientos:

 

  1. Disciplina ética (Śīla): “no cometas ni una sola acción negativa”.

  2. Concentración meditativa (Samādhi):  “cultiva en abundancia la virtud”.

  3. Sabiduría (Prajñā): “disciplina por completo tu propia mente”.

 

Necesitamos referirnos a los tres adiestramientos como el antídoto para las emociones aflictivas. Entonces la sabiduría que necesitamos realizar es la sabiduría de la naturaleza última de los fenómenos.

 

En resumen esta enseñanza hace referencia a los tres adiestramientos de la disciplina ética, la concentración meditativa y la sabiduría. Es importante reconocer que una mera comprensión intelectual basada en la escucha, el estudio y la comprensión no va poder erradicar directamente la ilusión de un yo.

1. La disciplina ética: Revelarnos ante las emociones aflictivas

La fijación a un yo es algo que tenemos muy arraigado en la profundidad de nuestra mente, está muy arraigado a nosotros. Por esta razón es necesario aplicarnos a la meditación o al adiestramiento de la concentración meditativa. 

Sin embargo tampoco podemos aplicarnos al adiestramiento de la concentración meditativa si no nos aplicamos a la disciplina ética.

La disciplina ética es la base sobre la cuál podemos generar la concentración meditativa. 

Los tres adiestramientos están apoyándose mutuamente, pero entonces cómo practicamos para que estos tres adiestramientos surjan en nuestra mente, cómo adiestrar nuestra mente en estos tres. 

Porque el objetivo es generar la sabiduría que realiza la naturaleza última de todo y también la sabiduría de la realidad relativa.

Por lo tanto, si hay dos tipos de sabiduría (relativa y última), también hay dos tipos de ignorancia. La primera ignorancia es de la realidad relativa con respecto a desconocer la ley de causa y efecto. Después estaría la ignorancia con respecto a la realidad última del desconocimiento de la vacuidad.

La disciplina ética abandona las emociones aflictivas de un modo correcto, esto es darse cuenta de las desventajas y el carácter defectuoso de las emociones aflictivas. La disciplina ética no se trata de obedecer reglas ni de intentar ser “buenos”. Se trata de liberarnos y dejar de ser esclavos de nuestras emociones.

La disciplina ética es capaz de contemplar las emociones aflictivas como la causa del sufrimiento y por lo tanto poner un remedio hacia ello. Es revelamos las emociones aflictivas, pues ahora somos sus sirvientes, hacemos todo lo que nos dicen las emociones aflictivas.

Normalmente, obedecemos a la emoción que grita más fuerte. La ira dice: “¡Reacciona!”, y reaccionamos. El deseo dice: “¡Lo quiero!”, y lo perseguimos. 

La disciplina ética consiste en revelarnos en contra de las emociones aflictivas

Es el contemplar a las emociones como el enemigo, porque nos damos cuenta que es debido a las emociones aflictivas que estamos experimentando todo tipo de sufrimientos en el samsara desde un tiempo sin principio.

Esto sería la visión correcta, por eso es que se dice que la disciplina ética es la que abandona las emociones aflictivas de un modo correcto. Ahora nuestro cuerpo, nuestras acciones físicas, nuestras palabras y nuestra mente están al servicio de las emociones aflictivas. Somos meros sirvientes de estas emociones, como si fueran nuestras amigas y nuestras compañeras íntimas, hacemos todo lo que quieren, estamos a su servicio.

La disciplina ética abre la puerta a la meditación. Una vez que nuestras acciones se calman, nuestra mente se aquieta. Primero, si no reconocemos el sufrimiento, no vamos a reconocer tampoco la naturaleza de las emociones aflictivas, después podremos reconocer la ley de causa y efecto de la realidad relativa.

Esto permite que no entremos en la trampa de la dualidad y  generemos una ecuanimidad por medio de la cual no nos apegamos a la felicidad ni rechazamos el sufrimiento en esta vida. Vamos a poder contemplar los riesgos de apegarnos a la felicidad y rechazar el sufrimiento. 

El sufrimiento nos ofrece muchas oportunidades para poder crecer en el camino espiritual y contemplar sus bondades. Nos ayuda a cultivar la paciencia y la tolerancia hacia las circunstancias adversas, esto también permite que nuestra disciplina ética sea auténtica y pura.

2. Concentración meditativa: Encontrar la ecuanimidad

Cuando erradicamos estas dos ignorancias, la ignorancia de lo relativo y la ignorancia de lo último, entonces se generaría las dos sabidurías: la sabiduría de lo relativo (reconocer la ley de causa y efecto) y la sabiduría de lo último (reconocer la vacuidad). 

Sin embargo cuando nos referimos a reconocer la vacuidad (la sabiduría de la realidad última), sólo puede surgir este reconocimiento a partir de la meditación.

Esta sabiduría va surgir a partir de la concentración meditativa shiné o la meditación de la calma mental. Cuando nos aplicamos a esta concentración meditativa de la calma mental, es entonces que de la base surge el reconocimiento de la vacuidad. La sabiduría que surge de la meditación sería la realización de la naturaleza última, esto es lo que llamamos lhaktong o visión superior.

La ecuanimidad es generar un desapego a la dualidad de la felicidad y sufrimiento, es lo que nos permite adiestrarnos en la concentración meditativa. La meditación, o samadhi, consiste en encontrar el equilibrio entre claridad y paz. Generalmente, nuestra mente oscila entre dos extremos: la apatía y la agitación. La ecuanimidad va a facilitar la concentración meditativa, al encontrar el equilibrio entre la lucidez y la estabilidad mental.

 

Mientras permanecemos en este estado de concentración no surgen las emociones aflictivas, sin embargo no vamos a poder erradicar directamente estas emociones aflictivas porque no se erradica la causa, la semilla o la raíz de estas emociones aflictivas. Se dice que aplasta temporalmente la cabeza de las emociones aflictivas, pero no erradica su semilla.

3. Sabiduría: Ver las cosas como realmente son

Mientras no erradiquemos las semillas de las emociones aflictivas, surgirán de nuevo cuando se reúnan las condiciones adecuadas. Para erradicar las semillas de las emociones aflictivas necesitamos generar la sabiduría del no yo, o la sabiduría que realiza la realidad última de los fenómenos.

Existen dos tipos de sabiduría:

  • La sabiduría de la realidad relativa, que comprende la ley de causa y efecto.

  • La sabiduría de la realidad última, que reconoce que todas las cosas carecen de un yo permanente.

Para poder generar esta sabiduría que realiza la realidad última, necesitamos también apoyarnos de la escucha y de la reflexión, sin esto no podríamos generar la sabiduría que realiza la naturaleza última. Vasubhandu explica el camino gradual de las enseñanzas budistas, decía que en primer lugar necesitamos permanecer en la disciplina ética para mantener la escucha, contemplación y la reflexión, junto con esto necesitamos también cultivar la meditación.

“Dotarse de una disciplina ética en la escucha y la contemplación, además de adiestrarse completamente en la meditación”.

Para desarrollar la sabiduría, comenzamos con el estudio y la reflexión: escuchar las enseñanzas, reflexionar profundamente sobre ellas y razonar sobre su significado. Pero la verdadera sabiduría no proviene sólo del pensamiento; surge de la experiencia directa en la meditación.

Cuando la mente está tranquila y clara, comienza a ver que todo —pensamientos, emociones, incluso el «yo»— surge y se disuelve, dependiendo de causas y condiciones. No hay un «yo» sólido al que aferrarse. Lo que llamamos «yo» es un flujo de momentos.

Esta comprensión es liberadora. Una vez que vemos que el yo al que nos aferramos no existe realmente como lo imaginamos, toda la estructura del miedo y el deseo comienza a desmoronarse. Esta es la sabiduría del no-yo, el antídoto directo contra la ignorancia.

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