Esta enseñanza nos ayuda a tener una mayor comprensión de la mente. Buda explica que todos los fenómenos surgen de causas, y que la mente es la raíz de todas ellas. Al aprender sobre la interdependencia, el karma y el ciclo del samsara, empezamos a ver que nuestras experiencias, incluso las difíciles, surgen de hábitos y patrones que hemos arrastrado durante mucho tiempo en el ciclo de las existencias. En lugar de depender de factores externos, el budismo reconoce la interdependencia, impermanencia y la naturaleza vacua de los fenómenos, para desarrollar la sabiduría que nos libera. En esta enseñanza se sientan las bases para comprender cómo surge el sufrimiento, por qué nos sentimos atrapados repitiendo viejos patrones y cómo surge la liberación al reconocer la naturaleza última de los fenómenos como lo hizo el Buda Shakyamuni.
Puntos clave
- Todos los fenómenos surgen de causas, y la raíz de todas ellas es la mente.
- El budismo no se basa en una deidad creadora; el samsara es creado por la ignorancia.
- El karma y las emociones aflictivas surgen de la ignorancia.
- Los seis reinos del samsara son expresiones de tendencias kármicas.
- El samsara continúa mientras persista la ignorancia, como soñar mientras dormimos.
- La naturaleza de todos los fenómenos es la vacuidad.
- El Buda reconoció que la naturaleza del sufrimiento es la ignorancia.
Todo surge de causas y estas surgen de la mente
Una característica que define las enseñanzas budistas es la interdependencia, la cual nos explica que todos los fenómenos surgen de causas. Dentro del budismo no se cree en una deidad o dios creador, los fenómenos no surgen a partir de esto, la causa de todos los fenómenos es la propia mente.
Cuando decimos que todos los fenómenos surgen de causas, nos referimos que la raíz de los fenómenos es la mente.
En las enseñanzas budistas se dice que todo el samsara surge de la mente, de ella surgen la ignorancia de la ilusión o fijación a un yo. Esta ilusión de un yo es la raíz a partir de la cual surgen todas las distintas emociones aflictivas y por consecuencia el karma. Cuando actuamos conforme a estas emociones aflictivas acumulamos karma que pueden verse como tendencias, impresiones o semillas en nuestra mente.
Estas tendencias kármicas están latentes en nuestra mente, hasta que se despiertan. Se activan en momentos en que las condiciones son adecuadas para manifestarse, generando distintas experiencias o circunstancias.
De esta forma se compone el samsara y consecuentemente sus seis clases de seres, que se encuentran en tres reinos de existencia desfavorables y tres reinos de existencia favorables. Dentro de estos reinos existen distintas naturalezas y sus distintas manifestaciones que tienen apariencias particulares.
Estas apariencias se manifiestan de manera muy variada y pueden tener una gran riqueza de escenarios. Sin embargo todo esto surge en la mente a partir de la activación de las tendencias kármicas que hemos cultivado con el tiempo.
La interdependencia como perspectiva fundamental
Esta activación de las tendencias kármicas en la mente se manifiestan como si fueran un sueño. La manifestación surge en dos tipos de ignorancia: la ignorancia de la realidad relativa (desconocer la ley de causa y efecto), y la ignorancia de la realidad última (desconocer la naturaleza de los fenómenos).
Cuando tenemos estos dos tipos de ignorancia generamos emociones aflictivas como: el deseo, el odio, la rabia, el orgullo, los celos y demás. Estas emociones surgirían de una manera muy intensa en nosotros y esto hace que acumulemos karma en las acciones negativas, generando tendencias kármicas negativas en nuestra mente.
La sabiduría de la impermanencia es desarrollada cuando se reconoce la ley de causa y efecto. Esto es saber que todo cambia y el cambio constante es causante del sufrimiento del samsara.
A esta sabiduría se le conoce como realidad relativa, pero tenemos una tendencia a desconocer la naturaleza última de la realidad. Es decir, podemos desarrollar la sabiduría relativa, en cuanto al reconocimiento de la ley de causa y efecto, pero con un desconocimiento de la naturaleza última de los fenómenos.
Cuando contemplamos los fenómenos desde una percepción de la realidad, apegada en la existencia de yo, desconocemos la vacuidad de los fenómenos. Este desconocimiento nos impide realizar la naturaleza última de los fenómenos, afectando cualquier virtud que podamos acumular.
Esta afectación es la causante del samsara, sin embargo generar acciones virtuosas nos llevaría a tomar renacimientos en los reinos favorables del samsara. Estos son los reinos de los dioses, semidioses y de los humanos, todos ellos están sujetos a la impermanencia.
Todas estas apariencias de los seis reinos y los seres que los habitan, se manifiestan como un sueño a partir de las tendencias kármicas que se han cultivado en la mente. Cuando un sueño se manifiesta es porque estamos dormidos, si despertamos dejaríamos de soñar.
El karma de nuestras acciones moldena nuestra experiencia
Este dormir inconsciente es la causa principal de la ignorancia, las distintas tendencias kármicas que tenemos en nuestra mente hacen que se manifieste el sueño. Este sueño seguirá continuamente, uno tras otro, mientras no erradiquemos la ignorancia de la ilusión de un yo.
Esta ignorancia hará que se manifiesten las distintas apariencias, provocadas por nuestras tendencias kármicas. Es entonces que este karma se manifiesta hasta que se agota, se desvanece y después llega la pacificación. Si nacemos en el reino de los humanos, es debido a la activación de las tendencias kármicas correspondientes a los seres humanos. Las apariencias de los humanos se manifiestan como si fuera una película.
Si no logramos despertar y seguimos dormidos, al no erradicar la ignorancia, entonces cuando terminemos un sueño seguirá otro sueño automáticamente. Esto mismo sucede en las vidas, mientras no erradiquemos la ignorancia que manifiesta el karma de la vida pasada, se manifestará en las siguientes vidas sucesivamente.
Mientras no despertemos de la ignorancia, hacemos que esta crezca, que cada vez sea más profunda, como cuando estamos dormidos y cada vez estamos más profundamente dormidos. Esto es lo mismo que sucede con nuestras tendencias kármicas, van creciendo, se incrementan y cada vez se hace más profunda la ignorancia.
De esta forma se arraiga la ignorancia en el ciclo de las existencias, podemos nacer en un cuerpo humano y pensamos:
“Este es mí cuerpo, estas son mis cosas, este es mí país, esta es mí casa, estos son mis lugares, este soy yo, yo, yo.”
Esta tendencia se arraiga al yo, se hace cada vez más fuerte y vamos consolidando esta ignorancia de una manera más profunda en nosotros. Es entonces cuando creemos que no hay una manera de despertar y vamos perpetuando las distintas existencias.
El ciclo de las existencias es un sueño constante y nosotros estamos profundamente dormidos. Aún cuando todos estos sueños carecen de realidad propia, mientras no podamos reconocerlo, les damos realidad propia y seguimos creyendo que sus manifestaciones son reales.
Esto es a lo que se refería Buda cuando dijo que hasta que no hayamos abandonado la ignorancia, continuaremos deambulando en el ciclo de las existencias.
Aunque los tres reinos del samsara carecen de existencia propia, por lo tanto no tienen una naturaleza verdaderamente inherente, aparecen de una manera ilusoria siendo meras apariencias. Los reinos del samsara son como los fenómenos que se manifiestan en la mente, sin embargo la naturaleza de la mente o la naturaleza del dharmata, es la naturaleza última de la mente en su forma pura.
La mente de igual forma carece de existencia propia, por lo que la naturaleza de todos los fenómenos es la vacuidad. La naturaleza última de los fenómenos es pura, por lo tanto esta sería también la naturaleza del karma, las emociones aflictivas y el sufrimiento.
Mientras estamos dormidos, mientras mantenemos la ignorancia se seguirán apareciendo todo tipo de apariencias en las distintas manifestaciones del karma. En el momento en el que se desvanece el sueño, en el momento en el que despertamos, todas estas apariencias o manifestaciones kármicas también se desvanecen.
Buda Shakyamuni, nuestro modelo a seguir
La palabra Buda en tibetano consta de dos sílabas, la primera sílaba “San” quiere decir purificación. Esta se refiere a la purificación de las dos ignorancias que hemos mencionado, la ignorancia de la realidad relativa y la ignorancia de la realidad última. La segunda sílaba “Gye” significa desarrollar, se refiere al haber desarrollado y generado el conocimiento o la sabiduría de todos los fenómenos. Las dos sílabas forman la palabra “Sangye”.
Buda Shakyamuni es nuestro modelo a seguir, era tal como nosotros, una persona ordinaria y corriente que sufría de la misma manera que cualquier ser humano. De igual forma que todos los seres en el samsara, debido a la acumulación de acciones generaba karma, tenía emociones aflictivas y deambulaba en el ciclo de las existencias.
En un momento dado reconoció la naturaleza del sufrimiento del samsara, reconoció que la causa del sufrimiento es la ignorancia y vió que si abandonaba la ignorancia abandonaría también el sufrimiento del samsara. De esta manera el Buda pudo desarrollar la sabiduría que contempla directamente la naturaleza última de los fenómenos y poco a poco fué erradicando la ignorancia de su mente.
Primero fué erradicando la ignorancia aprendida, después eliminó la ignorancia innata en sus distintos grados. Esto lo hizo de forma gradual, primero erradicó la ignorancia en sus grados más groseros o burdos, después en los grados medios y por último en sus grados más sutiles. Hasta que después de un tiempo pudo finalmente eliminar completamente la ignorancia y purificó todo lo aprendido e innato.
Al abandonar complementamente esta ignorancia desarrolló el conocimiento de los fenómenos, el conocimiento de la naturaleza última de todo lo que surje.
Este conocimiento le dió la capacidad de contemplar como todos los seres, tiene la pureza de la naturaleza de la mente. Pudo ver que la naturaleza última de todos los seres es pura, ya que en ella se encuentra la naturaleza de la mente.
Por lo tanto, todos los seres tienen la capacidad de liberarse, siempre que se genere la renuncia el reconocimiento del sufrimiento de las existencias. Entonces podremos liberarnos de las emociones aflictivas, tendremos la capacidad de obtener el nirvana, la pacificación y el despertar.
Seguir el ejemplo de Buda Shakyamuni es como si tuviéramos ajonjolí pero nadie sabe que se puede extraer aceite a partir de presionar esta semilla, sin embargo un día llega una persona que sabe elaborar el aceite. A partir de este momento enseña a todos los demás que se puede extraer aceite de la semilla de ajonjolí, muestra el camino y las demás personas continúan haciendo aceite.
Esto mismo es lo que ocurrió con el Buda, nos enseñó que si abandonamos las emociones aflictivas y el karma por medio de la meditación podremos liberarnos y obtener el despertar. Esta es la enseñanza del Buda, nos enseñó el camino que debemos recorrer y los antídotos que debemos tomar.
Esto es posible porque la naturaleza de la mente de todos los seres es pura, las impurezas de esta mente no son más que temporales. Estas impurezas se pueden erradicar porque no forman parte de la naturaleza última y esto hace posible la liberación.