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El karma y su mecánica mental

En esta enseñanza Lama Yeshe explora el karma, el tercero de los Cuatro Pensamientos, definiéndolo como la acción con intención o Karma. Para explicar el complejo mecanismo del Karma utiliza la analogía de Drupon Khenpo de la vida vista en una película grabada en vidas pasadas, en la cual experimentamos los resultados mientras, simultáneamente, filmamos nuestro futuro a través de nuestras reacciones actuales. Estas acciones siembran semillas o tendencias kármicas que se multiplican y permanecen hasta que se experimentan o se purifican. Al seguir las diez virtudes, pautas éticas para el cuerpo, la palabra y la mente, los practicantes alinean su conducta con su naturaleza búdica inherente. Esta práctica estabiliza la mente, facilitando la meditación y la sabiduría. El comprender el karma ayuda a las personas a transformar los hábitos negativos en positivos, fomentando una vida de paz e intencionalidad que apoya el camino hacia la liberación.

Key points

  • El karma se define simplemente como “acción con intención”, refiriéndose al sistema que interconecta causas y resultados.
  • La vida se asemeja a una película donde experimentamos los resultados de vidas pasadas mientras, simultáneamente, “filmamos” nuestro futuro a través de nuestras reacciones actuales.
  • Las acciones siembran “semillas” o tendencias en la mente que se multiplican y expanden naturalmente con el tiempo.
  • Las diez virtudes sirven como guía ética para alinear nuestra conducta diaria con nuestra naturaleza búdica inherente.
  • Las semillas kármicas nunca se agotan por sí solas; permanecen en la mente hasta que se experimentan como resultados o se purifican activamente.

La Interpretación del Karma

El karma se ha convertido en una palabra popular que ha perdido gran parte de su significado, hasta en los pasillos del supermercado se tiene conversaciones informales sobre el karma. Este concepto se usa como sinónimo de castigo cósmico. Tratamos el karma como un cobrador de deudas celestial o un juez divino que espera cuando tropezamos, esta versión popular ha transformado una filosofía antigua y sofisticada en un sistema simplista de castigos y recompensas. 

Pero el karma no es un juicio externo, sino un sistema altamente sofisticado de causa y efecto que opera desde dentro. Según la perspectiva budista, el karma es a la vez increíblemente sutil y profundamente empoderador, no se trata solamente de lo que sucede, sino es una lente viva que modifica el cómo se interactúa con la realidad. Comprender verdaderamente el karma es dejar una actitud pasiva del destino y empezar a ser consciente de la propia experiencia en la realidad presente.

El karma no es un sistema de recompensas, a veces lo interpretamos como un Santa Claus cósmico, este  malentendido es persistente en Occidente, solemos ver el karma a través de un prisma moralista del castigo y la recompensa. Esto sucede especialmente cuando tenemos una adversidad, entonces pensamos que el universo nos está castigando por una transgresión pasada. 

Esta visión es fundamentalmente limitada porque nos priva de la capacidad de decisión y proyecta el poder sobre un imaginario juez cósmico. La palabra karma proviene del sánscrito y significa “acción con intención”, el karma es un sistema natural de causa y consecuencias, que funciona de forma tan natural como la misma gravedad de la tierra. 

El karma no es un juicio moral, más bien es un principio funcional, si lo vemos como un sistema de recompensas caemos en la trampa de sobresimplificar la práctica del dharma. Muchas veces la gente se confunde, pensando: “Ah, esto malo me pasó porque es mi karma”, como si el universo se dedicara a castigar aquí y a recompensar allá. Al alejarnos de esta teología de Santa Claus, tomamos la responsabilidad de las causas y consecuencias, haciendo del karma un principio activo en nuestra vida. 

Entender el karma nos ayuda a darnos cuenta de que no estamos siendo castigados, simplemente estamos experimentando los resultados de causas anteriores. Esto nos brinda la oportunidad inmediata de elegir y tomar conciencia de nuestras reacciones, emociones y experiencias.

La metáfora de la vida en el cine

Para visualizar el mecanismo de cómo funciona el karma, el maestro Drupon Khenpo ofrece la metáfora de pensar que la vida es como una proyección continua en un cine. Imaginemos que estamos viendo una película y cada escena es un momento de la vida, pero en esta película sucede un proceso doble:

  1. El espectador: estamos viendo una película que fue grabada por nuestras acciones pasadas. Cada una de las escenas son el resultado de semillas plantadas hace tiempo, pueden ser alegres, difíciles o aburridas.

  2. El director: en el momento en que se mira la pantalla, se está sosteniendo una cámara que graba la siguiente película. Las reacciones actuales a la película están filmando la siguiente secuencia, los actores de la película son nuestros propios kleshas (intención y emoción), que pueden ser el apego, la ira, los celos, el orgullo, etc. 

Si al ver la película de la vida estamos viendo una escena desagradable como un conflicto laboral y reaccionas con la ira explosiva, no sólo se está reviviendo el pasado también se está filmando una nueva película para el futuro, la cual estará dominada por la ira. 

Esta metáfora cambia nuestra perspectiva del karma, aunque no podemos modificar lo que estamos viendo en pantalla, podemos modificar nuestras reacciones al sostener la cámara en el presente. Si reaccionamos con paciencia ante una escena difícil, podemos estar seguros de que la siguiente película tendrá una experiencia más tranquila.

En la tradición tibetana, el mecanismo funcional del Karma se describe como Bakchak, que se traduce como semillas, en lugar de pensar en el Karma como un destino fijo, podemos verlo como un reforzamiento de los hábitos psicológicos.

  • Bakchak: semillas de hábitos o tendencias de hábitos emocionales y reacciones.

Estas tendencias son como surcos en la mente o enlaces neuronales que se accionan cada vez que tenemos vivimos una situación similar, cada reacción profundiza el hábito mental que lo refuerza o hace que disminuya poco a poco. Si se tiene tendencia a los celos y se decide ceder a ellos, el surco se erosiona hasta convertirse en un abismo y la próxima vez que surja una situación similar, la reacción se vuelve automática. 

El karma es esencialmente la expansión del carácter, podemos encontrar paz cambiando intencionalmente nuestros patrones y reconocer las semillas (bakchak). Podemos dejar de actuar en piloto automático y comenzar a elegir qué tendencias queremos nutrir y cuáles queremos dejar en nuestra vida.

El poder de la intención

Aunque la definición sánscrita de karma es sorprendentemente simple, acción con intención, el sistema del karma puede ser sumamente complejo. Para intentar comprender el Karma debemos tomar en cuenta la intención de las acciones. Nuestra mente dualista suele ver las acciones como buenas o malas, sin embargo en la filosofía budista, las convenciones no suelen ser tan simplistas. 

Podemos describir una acción en relación a la armonía o discordia con nuestra verdadera naturaleza o la naturaleza búdica. Una acción que se alinea con nuestras cualidades inherentes de sabiduría y compasión suelen ser positivas porque no crea fricción (Dhuka). Una acción que va en contra de esa naturaleza crea el calor del sufrimiento. 

Gampopa describe un lineamiento específico sobre el mecanismo del Karma y lo divide en 10 no virtudes (3 de cuerpo, 4 de habla y 3 de mente).

  • No virtudes de cuerpo:

  1. Acto de matar

  2. Acto de robar 

  3. Conducta sexual inapropiada

  • No virtudes de habla:

  1. Decir mentiras

  2. Discurso divisivo

  3. Discurso dañino

  4. Discurso inutil

  • No virtudes de mente:

  1. Tener avaricia

  2. Tener maldad

  3. Tener creencias erróneas

Nuevamente la intención puede determinar la acción, si tomando en cuenta la no virtud del habla en los discursos inútiles, podemos hablar con un vecino anciano y solitario para charlar sobre nada. Si esta acción está motivada por la compasión hacia la persona, la acción se convierte en un acto positivo, ya que la intención es ofrecer consuelo. Por el contrario, si la intención de la charla ociosa es para evitar la autorreflexión o para difundir chismes sutiles, el acto se convierte en negativo porque refuerza la distracción y la división.

Desde la perspectiva de la intención podemos clasificar las acciones del Karma en dos aspectos, el daño accidental y el daño intencional.

  • Daño accidental: Si atropellamos insectos mientras conducimos en la carretera, el peso kármico es ligero porque no había intención de matar.

  • Daño intencional: Si colocamos una trampa específicamente para matar plagas, el peso kármico es alto porque la mente estaba enfocada en la intención de acabar con la vida.

De igual forma Gampopa describe 4 principios del Karma, para trabajar eficazmente con el Karma, debemos comprender estos principios fundamentales.:

  1. El Karma es exacto: Las acciones positivas que son aquellas en armonía con nuestra naturaleza búdica siempre producen paz, las acciones negativas que son aquellas que van en contra de nuestra naturaleza siempre producen fricción.

  2. El Karma se multiplica: Como una semilla que crece hasta convertirse en un árbol enorme, un pequeño hábito —como la práctica diaria de la gratitud— se expande con el tiempo hasta convertirse en un rasgo dominante del carácter.

  3. Las acciones no realizadas no rinden resultados: No se puede experimentar un resultado para el cual no has plantado la semilla. Tus esfuerzos por crecer nunca se “pierden”.

  4. Las acciones realizadas no se agotan por sí mismas: Las semillas permanecen en el “flujo mental” hasta que maduran y dan un resultado o son neutralizadas intencionalmente mediante prácticas de purificación.

Estos principios nos pueden dar un motivo de gran optimismo, nos da certidumbre sobre las acciones y remueve el mito de la aleatoriedad de la existencia. Cambiar nuestra perspectiva del Karma, pasando de una actitud pasiva a utilizarla como una herramienta activa, es señal de entendimiento en las causas y consecuencias de nuestras acciones. 

 

Cuando comprendemos que nuestras reacciones actuales son la cámara que filma nuestro futuro, dejamos de quejarnos de la película que estamos viendo, entonces empezamos a volvernos concientes de nuestras reacciones y comenzamos a dirigir nuestra existencia. El objetivo de comprender el Karma no es alcanzar un estado de perfección rígida, sino vivir en armonía con nuestra propia naturaleza.

Para practicar

  • Visualiza tu vida como una película: observa simultáneamente los resultados de tus acciones pasadas mientras tomas conciencia de tus reacciones ante lo que sucede, intenta crear nuevos patrones de comportamiento y filmar futuras acciones a través de tus reacciones actuales.
  • Identifica y modifica tus tendencias mentales: ante lo que sucede en el momento presente elige intencionalmente una respuesta positiva que se acerque a la naturaleza interna, como la paciencia, compasión o la generosidad, intentando cambiar los hábitos de emociones y reacciones negativas.
  • Sigue las diez virtudes como guía diaria: cerciórate de que tus acciones de cuerpo, palabra y mente permanezcan en armonía con tu naturaleza búdica inherente, creando virtudes en nuestras acciones como la honestidad y la protección de la vida.
  • Reflexiona sobre cómo las semillas kármicas se multiplican: reconoce que incluso las pequeñas acciones diarias siembran tendencias que se expandirán naturalmente y producirán mayores resultados con el tiempo.

Conclusión

En esta enseñanza de Lama Yeshe sobre el karma, el tercero de los Cuatro Pensamientos, se define con profundidad el concepto de Karma, como una ciencia de la acción con intención. Esto crea un cambio de paradigma actual, de pensar en el Karma como un sistema de recompensa y castigo, se toma la metáfora del Karma como a una película grabada en vidas pasadas. Somos simultáneamente el público que presencia los resultados actuales y los directores que filman el futuro a través de nuestras reacciones presentes.


Cada elección siembra semillas kármicas (bakchak) o tendencias mentales que se multiplican y expanden naturalmente, moldeando nuestro carácter y nuestra realidad futura. De igual forma se establecen las diez virtudes sirven como pautas éticas esenciales que alinean nuestra conducta diaria con nuestra naturaleza búdica inherente. Esto estabiliza los cimientos de nuestras vidas mediante acciones de cuerpo, habla y mente, creando un cambio de patrones de comportamiento hacia virtudes que se alineen a nuestra naturaleza.


Debemos reconocer la exactitud del Karma que nunca falla, se multiplica y no se agota por sí solo, estos principios establecen semillas permanecen en la mente hasta que se experimentan como resultados o se purifican activamente. Más allá de los conceptos intelectuales, estas enseñanzas nos motivan a utilizar estos principios como herramientas para la vida diaria. Esto se puede realizar complementando la meditación con una práctica de campo y transformar intencionalmente los hábitos negativos en positivos, para convertir la película de nuestra existencia en un camino hacia la paz y la liberación.

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