En esta enseñanza Lama Yeshe explora los Cuatro Pensamientos que Revolucionan la Mente, centrándose en la Preciosa Vida Humana y la Impermanencia. La vida proporciona una rara oportunidad si se cuenta con libertades y recursos necesarios para practicar el Dharma. Sin embargo, esta oportunidad es frágil, dado que la muerte es inevitable y su momento incierto, sólo el Dharma y la realización de la mente permanecen al morir. Esto requiere un progreso dentro de un proceso específico de tres etapas, que consta de escuchar las enseñanzas, contemplar su significado y practicar la meditación analítica para habituar la mente a estas verdades. Tener una práctica de meditación que alterne el análisis profundo y la relajación focalizada, el practicante transforma el conocimiento intelectual en una experiencia personal. Estas contemplaciones proporcionan la motivación y la urgencia esenciales para avanzar hacia la realización del Dharma.
Key points
- Una preciosa vida humana ofrece condiciones y libertades excepcionales, esenciales para mantener una práctica del Dharma.
- La muerte es inevitable e impredecible, por lo que la práctica espiritual es sumamente útil en el momento de la muerte.
- El Dharma requiere un proceso triple: escuchar las enseñanzas, contemplar su significado y meditar para transformar el conocimiento en experiencia.
- La meditación es un proceso de habituar la mente en el que se alterna entre la reflexión analítica para evocar una sensación y la relajación focalizada para estabilizarla.
- Los Cuatro Pensamientos son el fundamento esencial de la práctica, proporcionando un sentido de urgencia e inspiración necesarias.
La oportunidad única para practicar el Dharma
La mayor parte de las personas viven en la rutina, haciendo las cosas por inercia, mientras tanto esperamos que llegue el futuro y que algo cambie para tomar en serio el crecimiento personal. Es común tratar el tiempo como un recurso infinito, postergar el bienestar mental y espiritual para algún día, sin embargo, en la filosofía budista se tiene un sentido de urgencia en la práctica presente motivada por la impermanencia.
La Preciosa Vida Humana es una oportunidad única de libertades y condiciones que no son fáciles de conseguir, pues no solo se trata de estar vivo, se debe tener el conjunto completo de elementos y circunstancias necesarias para practicar el camino de la liberación y transformar la mente. Cuando nos damos cuenta de todas las variables que tienen que alinearse para que podamos estar aquí, nos damos cuenta que el tiempo que tenemos es algo preciado y dejamos de postergar las cosas para otro día. Esta perspectiva nos ayuda a salir de nuestro letargo y reemplazarlo con una sensación de urgencia.
Podemos pensar en la vida como un jardín que queremos sembrar y para obtener una buena cosecha, necesitamos tener tierra fértil, semillas frescas, agua y luz solar. Estos son elementos favorables que nos ayudan a la siembra, pero también se necesitan otros elementos para tener éxito. Se necesita la ausencia de obstáculos, que el jardín esté libre de piedras que bloquean las raíces y de plagas que comen los brotes.
En el Dharma categorizamos nuestras vidas a través de ocho libertades y diez recursos. Las libertades no se refieren a lo que se tiene, sino a lo que no se tiene, como la ausencia de sufrimiento extremo, circunstancias, materiales, físicas o mentales que harían imposible la práctica.
La posibilidad de la práctica del Dharma no se trata solo de poder adquirir nuevos conocimiento, se debe tener libertad en las condiciones que impiden que el Dharma eche raíces. Tener estas condiciones implica una profunda responsabilidad, retomando la analogía del jardín, debemos eliminar todas las condiciones que impiden el crecimiento de las plantas y crear todas las condiciones favorables que permitan su crecimiento.
La impermanencia como motivación
Para cambiar el pensamiento hacia el Dharma y revolucionar la mente podemos utilizamos un análisis de la muerte de nueve puntos, agrupados en tres partes como lo marca el “Precioso ornamentos de la liberación” de Gampopa:
La muerte es inevitable.
Es definitivo que la muerte vendrá y ninguna circunstancia puede hacer que vuelva atrás.
Nuestra vida no puede extenderse cuando llega el momento de morir y el resto de nuestra vida está disminuyendo constantemente.
La muerte vendrá incluso si no hemos tenido tiempo de practicar el Dharma para evitar nuestras futuras caídas.
El momento de la muerte es incierto.
La duración de la vida en este mundo es incierta.
Las causas de la muerte son muchas y las causas de vida son pocas.
El cuerpo humano es muy frágil.
Nada excepto el Dharma puede ayudarnos en el momento de la muerte.
La riqueza y las posesiones no pueden prevenir la muerte, no se pueden llevar después.
Los amigos y familiares no pueden prevenir la muerte, no pueden acompañarnos.
Dejamos atrás nuestro cuerpo, no podemos llevarlos con nosotros.
Estos puntos nos dan una pauta de meditación y análisis, aunque sabemos cada uno de ellos, muchas veces vivimos como si no existieran. Desde el momento del nacimiento, la vida va disminuyendo, es como un ratón que roe un montón de comida y poco a poco va desapareciendo hasta que no queda nada.
Aunque sabemos que moriremos, ignoramos el momento preciso en que sucederá, por lo que muchas veces vivimos como si fuéramos inmortales porque desconocemos la fecha en que llegará. Todo puede causar la muerte, incluso el agua que da vida puede matarnos en cualquier momento, porque nuestros cuerpos son increíblemente frágiles.
Todo se queda atrás, incluso nuestro cuerpo, debemos reconocerlo como una realidad y reconocerlo como algo que nos genera entusiasmo, una sensación de vitalidad e inspiración. Cuando nos damos cuenta de la fragilidad de nuestra situación, dejamos de perder el tiempo. Cuando comprendemos esto debemos sentirlo como un escalofrío visceral o una sensación de erizo en el estómago, esto es la comprensión física de que nuestro tiempo es como una vela que se apaga.
Desde la perspectiva budista, la muerte es el momento en que la mente y el cuerpo finalmente se separan, el cuerpo se queda y la mente continúa. Por ello, el único equipaje que llevamos con nosotros es el hábito de la práctica del Dharma que ha integrado en la consciencia. Esta es la razón por la que el proceso de morir requiere tanta importancia y cuidado.
En la tradición tibetana se reconoce un proceso llamado Tukdam, en donde la consciencia puede permanecer establecida en el corazón incluso después de la muerte clínica. Por eso, idealmente, no se debe molestar el cuerpo de la persona durante tres días, para evitar perturbar a la mente que se está en el proceso de separación y liberación.
La meditación como hábito e integración
A veces pensamos que meditar es simplemente sentarse en silencio para relajarse, pero la palabra tibetana para meditación es “Gom”, que significa habituarse o familiarizarse. El proceso para lograr la integración del hábito familiar tiene tres pasos: escuchar, contemplar y meditar.
El Buda aconseja que no se debe creer en las enseñanzas tan sólo por escucharlas, se deben investigar y comprobar si realmente son ciertas. Es como alguien que compra oro y no se fía de la palabra del vendedor, sino que comprueba la veracidad del oro tallando, cortando y examinando la piedra para asegurarse de que es auténtica. Debemos comprobar las enseñanzas por medio de la escucha, contemplación y meditación.
En la primera fase de escucha se recibe la enseñanza y se tiene en mente para poder realizar la contemplación, a través de una investigación analítica de la enseñanza. Este es un examen sutil para comprobar si las enseñanzas coinciden con nuestra experiencia personal y una vez que se haya podido comprobar se pasa a la meditación.
La meditación es como un baile que alterna la reflexión profunda sobre una verdad y luego se descansa en la sensación pura de la experiencia que surge de ese pensamiento. Podemos tomar como tema de meditación la impermanencia y la muerte, ya que es fácil integrar este pensamiento a nuestra experiencia. Poco a poco vamos integrando la enseñanza hasta que tenemos la certeza en nuestro cuerpo, no basta simplemente conocer racional o intelectualmente la enseñanza para revolucionar la mente, debes permanecer en la sensación hasta que la verdad se convierta en un hábito.
Para practicar
- Utilizar la impermanencia y la muerte como tema de meditación: Tomar estos temas para el triple proceso de escuchar, contemplar y meditar. Ponerlos a prueba y asimilar los detalles una integración con nuestra experiencia, podemos realizar notas, hacer dibujos o debatir la información para comprenderla.
- Contemplar la preciosa vida humana: Cultivar la alegría y la urgencia, reflexionando en las ocho libertades y los diez recursos que poseemos como condiciones favorables que sustentan una práctica espiritual constante.
- Reflexionar sobre los nueve puntos de la impermanencia y la muerte: Contemplar lo inevitable de la muerte sabiendo que la vida no se puede prolongar y su momento es completamente incierto debido a la fragilidad del cuerpo humano.
- Practicar la meditación analítica alternando entre la reflexión y la relajación: Comenzando por el análisis para evocar una experiencia visceral y vivida de la enseñanza, como la fragilidad de la vida, hasta que se sienta profundamente más allá del análisis intelectual. Una vez que surja ese sentimiento, se detiene el análisis y se relaja en la experiencia, habituando la mente para poder estabilizarla durante un tiempo antes de que empiece a divagar.
Conclusión
En esta enseñanza sobre los pensamientos que revolucionan la mente, sobre la preciada vida humana y la impermanencia, nos proporciona una base de la práctica para poder realizar una experiencia profunda. Sin este fundamento sobre la comprensión de la vida como una oportunidad única y temporal no nos sería posible realizar prácticas más complejas y avanzadas. La mente es lo único que verdaderamente poseemos y lo único que llevaremos después de morir.
Aquí yace la importancia de realizar un hábito de las enseñanzas es aprovechando la oportunidad y el tiempo que tenemos para practicar el Dharma, ya que no tenemos la certeza de que esta pueda repetirse en otro momento. Tenemos un gran pozo de semillas kármicas que pueden germinar en cualquier momento, estas pueden ser tanto positivas como negativas. No podemos depender de lo que suceda en el futuro, hoy estamos sembrando semillas para una futura consciencia que hereda un jardín con todo listo para germinar.