En esta enseñanza Lama Yeshe enseña que la naturaleza búdica es la causa fundamental de la práctica espiritual. La iluminación es la realización de un estado inherente, más que un nuevo logro, por lo que ell término tibetano para Buda (sangye), se describe como la purificación de los obstáculos mentales (sang) para que florezcan cualidades innatas como la compasión (gye). De manera similar, Jangchub representa la purificación completa y la posesión de capacidad plena, por lo cual el progreso requiere un proceso triple: escuchar, contemplar y meditar. De esta forma el refugio auténtico depende de una aspiración genuina a liberarse del ciclo de karma e ignorancia del samsara mediante la meditación y transformación del conocimiento intelectual en una experiencia vivida, permitiendo que se manifieste la sabiduría natural y no dual.
Key points
La budeidad es nuestra naturaleza inherente y la causa fundamental que nos permite tomar refugio y participar en la práctica espiritual.
El término tibetano para Buda (sangye), describe el proceso de purificación de los obstáculos mentales (sang) para que las cualidades innatas como la sabiduría y la compasión puedan florecer (gye).
La Iluminación (Jangchub) es el estado realizado al haber logrado purificar y poseer la plena capacidad de todas las cualidades búdicas.
El auténtico refugio requiere una aspiración profunda y genuina para liberarse del sufrimiento del samsara de forma inmediata pero con paciencia continua.
El progreso espiritual se logra mediante un proceso de tres pasos: escuchar las enseñanzas, contemplar su significado y meditar para interiorizar una experiencia vivida.
¿Qué es la naturaleza búdica?
En nuestra era moderna, a menudo nos vemos abrumados por un flujo constante de “soluciones” a las inevitables frustraciones de la vida. Tratamos nuestras ansiedades existenciales como síntomas que debemos reprimir, buscando continuamente una aplicación, un libro o un retiro externo para aliviar nuestra inquietud interior. Sin embargo, la tradición tibetana propone un enfoque diferente.
Dentro de la tradición tibetana el “Refugio” no es una ceremonia religiosa ni un retiro del mundo; es un camino práctico e interno. Esto es diferente de la creencia de autodesarrollo occidental, pues no buscamos la iluminación ni construir una nueva identidad desde cero. En cambio, trabajamos para alcanzar un estado que ya está presente, la iluminación no es un destino lejano al que viajamos, sino un estado natural que descubrimos bajo los escombros de la costumbre.
¿Cómo el Tíbet estandarizó la Iluminación?
Cuando las enseñanzas de Buda emigraron de la India al Tíbet, los tibetanos reconocieron que el “mapa” hacia la iluminación debía preservarse con absoluta precisión. En ese tiempo, el tibetano era principalmente una lengua oral sin alfabeto. Para garantizar que las enseñanzas permanecieran libres de prejuicios personales, desarrollaron un riguroso sistema de traducción que envidiaría cualquier revista académica moderna.
Cada texto era traducido por un comité de tres personas: un experto en Dharma para salvaguardar el significado filosófico, un erudito en sánscrito para mantener los matices del idioma original y un experto en tibetano para asegurar que las ideas se expresaran con claridad.
No se limitaron a traducir el significado general, utilizaron un sistema metódico y directo, asignando a menudo una sola palabra tibetana específica a un solo término en sánscrito. Este proceso facilitó que el vocabulario pudiera transmitir con exactitud su significado sin interpretaciones que influyeran en las enseñanzas.
Este enfoque histórico en la precisión lingüística hace que, para un practicante moderno, el “manual de instrucciones” sea lo más preciso posible y proporcione una guía fiable que pueda transmitir la enseñanza de la mejor manera posible.
La anatomía del florecimiento espiritual
Una idea errónea común en la práctica espiritual como un programa de automejora, en el cual estamos “rotos” y necesitamos ser “arreglados” para convertirnos en un Buda. El linaje Kagyu ofrece una perspectiva contraintuitiva: ya eres un Buda, pero simplemente no ha sido realizado.
Para comprender esto, se puede considerar la metáfora de una luz cubierta por un cristal de color. La luz siempre brilla, pero su brillo se ve oscurecido por la suciedad del cristal. La práctica no consiste en crear la luz, sino en limpiar los velos que no permiten pasar la luz. Esto invierte el paradigma espiritual, es diferente a pensar que hay que llegar a ser un Buda, que se debe llegar a un punto en el camino, pues la naturaleza búdica ya está en nosotros.
Buda significa en sánscrito, “el que está despierto”, pero esta traducción no tiene mucho sentido. Por esta razón en el Tibet crearon nuevas palabras para referirse al proceso de iluminación y su estado.
Sang-gye: Esta es la palabra tibetana para Buda, este término fue creado específicamente para describir la mecánica de una mente iluminada. Está compuesta de dos palabras, Sang y Gye.
Sang: Es el estado purificado, se refiere a estar “completamente libre”. Es el proceso de eliminar las emociones conflictivas, todo aquello que perturba la claridad de la naturaleza de la mente.
Gye: Es el florecimiento, de nuestras cualidades innatas —sabiduría, compasión y valentía— florecen naturalmente. En tibetano, Gye es la misma palabra que se usa para describir una flor que florece.
Es importante hacer una distinción entre Sang-gye y Jangchub:
Jangchub: Se refiere a la experiencia del despertar, iluminación o el estado de buda, está compuesta de dos palabras, Jang y Chub.
Jang: Es el estado de ya estar purificado, limpio o puro.
Chub: Significa el estado de tener la capacidad de todo.
La belleza de esta metáfora reside en su naturalismo, pues no se fuerza a una flor a florecer; se le proporcionan las condiciones adecuadas y se eliminan las malas hierbas. La iluminación es el resultado natural de permitir que la mente surja como una semilla, sin ser ahogada por las malas hierbas de keisha, karma y duka.
El karma y el dualismo en la vida
La mente se puede ver como un jardín que contiene semillas para cada experiencia posible, el karma es simplemente la acción de plantar estas semillas y la tendencia a que vuelvan a brotar. Aunque solemos pensar en el karma como la consecuencia de acciones grandes o violentas, el karma es mucho más sutil y dualista.
Se puede crear semillas kármicas en hábitos cotidianos como mirar la pantalla de tu computadora. En simples actividades que refuerzan una experiencia dualista e intencionada que refuerzan la atención al “yo”.
Un acto kármico planta una semilla de separación dualista que hace que crea hábitos por los que vemos el mundo a través de una forma distorsionada. Muchas personas tratan la práctica espiritual como una aspirina: un alivio temporal para los dolores de cabeza de la vida. Pero la práctica cambia los hábitos de la mente para que estas semillas dualistas dejen de germinar.
La importancia del refugio se observa cuando este se convierte en un hábito tan automático como una reacción inmediata ante una situación de peligro. Es en este momento cuando se revela dónde reside realmente nuestras seguridades.
El refugio no es una oración que se recita en momentos de calma; es la respuesta automática ante el caos de la vida en el samsara. Es el lugar al que la mente acude instintivamente en busca de seguridad cuando el mundo parece derrumbarse.
El camino para la realización de la naturaleza búdica implica un proceso de tres pasos: Escuchar, Contemplar y Meditar. Para comprender cómo funcionan juntos, se puede considerar la analogía de preparar espárragos en aceite de ajo.
Escuchar es como obtener los ingredientes, la contemplación es triturar el ajo, es el trabajo activo e intelectual de cuestionar y razonar sobre las enseñanzas hasta que tengan sentido personal. No se puede sumergir a la mente en la meditación si primero no se ha triturado el ajo mediante la contemplación para liberar su sabor. Finalmente, la meditación es la “inmersión” misma, dejar que la mente se asiente en el sabor de la claridad que se ha encontrado durante la contemplación hasta que la sabiduría se vuelve inseparable.
Para practicar
Escuchar, contemplar y meditar constantemente en las enseñanzas para transformar esa comprensión intelectual en una experiencia vivida.
Cultiva un sentido genuino de refugio como una profunda aspiración de liberarte del ciclo del sufrimiento del samsara, hasta que se vuelva en un hábito instintivo y automático.
Practica diariamente la purificación de los obstáculos mentales, observando y cuestionando los hábitos de la mente y los pensamientos dualistas, en las actividades cotidianas.
A lo largo del día toma pausa y observa el momento presente, encuentra cuál es la semilla que se planta en la mente, si la mente es un jardín, ¿qué estoy regando actualmente? Cada pensamiento dualista y cada momento reactivo automático es una gota de agua.
Cuando realices tu práctica, hazlo con intensidad inmediata y paciencia a largo plazo. Aborda cada sesión de meditación como si pudieras alcanzar la iluminación en ese mismo instante, estando a la vez dispuesto a continuar el camino el tiempo que sea necesario.
Conclusión
Es importante comprender la práctica no como un proceso de transformarse en algo nuevo, sino en revelar nuestra naturaleza búdica inherente. Para entender esto son importantes los términos tibetanos Sangye y Jangchub, que definen este camino como un proceso de purificación: la eliminación de las semillas kármicas y los obstáculos dualistas que oscurecen nuestra sabiduría y compasión innatas.
Este entendimiento se puede lograr mediante el escuchar, contemplar y meditar, las enseñanzas para que pase de un nivel intelectual a una experiencia auténtica y vivida. Esto puede lograr un refugio auténtico que se arraiga en una aspiración visceral y automática a liberarse del sufrimiento del samsara y a ayudar a todos los seres con la bodhichitta.
En el camino Kagyu se comprende que la iluminación ya está presente en la mente, esperando ser realizada, al sumergirnos activamente en las enseñanzas a través de la contemplación profunda. De esta forma transformamos los conceptos en una realidad personal y liberadora que florece naturalmente una vez que se eliminan las obstrucciones persistentes de la ignorancia y los hábitos dualistas.